El autoconocimiento es esencial para vivir una vida plena.

Hay muchas herramientas que nos pueden ayudar en el proceso de autoconocimiento.

Darnos cuenta, ser conscientes de nosotros mismos, de nuestras emociones, sensaciones y reacciones en los distintos momentos, es una de esas herramientas.

Los demás son un espejo que nos ponen delante, sacan de nuestro interior emociones y cualidades que no queremos reconocer.

Cuando nos relacionamos con otras personas tendemos a ver en el otro cualidades o actitudes que nos hacen sentir: o bien aprobación, o bien disgusto. De manera casi automática lo juzgamos y catalogamos desde el ego como negativo o como positivo según nuestras creencias preestablecidas.

Si reconocemos en otra persona algo que no nos gusta, estamos haciendo justamente eso, reconocerlo, conocerlo nuevamente, porque previamente lo hemos conocido en nosotros mismos. Si no, no podríamos reconocerlo, ya que no sabríamos lo que es. Si lo reconocemos es porque está en nosotros.

Es justo en ese momento, cuando lo vemos en otra persona, cuando deberíamos hacer un ejercicio de introspección y ver qué parte de nosotros mismos conoce lo que estamos viendo y juzgando en el otro.

Pero normalmente tendemos a esconder esa parte que no nos gusta y no queremos ver: nuestra sombra.

Podemos mirar en nuestras profundidades para reconocer nuestra sombra y darnos cuenta de que lo que estamos juzgando en el otro está profundamente escondido en nuestro inconsciente pero no queremos reconocerlo de ninguna manera…

Hace ya mucho tiempo escondimos partes íntimas para que nunca nadie las viese, porque según nuestro propio juicio de valores: «¡no está nada bien ser así, mostrar esa cualidad o sentir eso!. Y si yo lo escondo porque no está bien, ¡el otro debería hacer lo mismo!».

Pero es cuando reconocemos esa sombra, la sacamos a la luz e incluso la amamos como parte de nosotros mismos que es, que empezamos a crecer, a iluminar nuestra oscuridad y a amarnos de verdad, sin esconder nada. Porque no hay nada que esconder.

Somos humanos y necesitamos ser lo que somos, conocernos en profundidad, para que a partir de ahí, podamos cambiar lo que necesitemos cambiar y aumentar nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos y a los demás. No tiene sentido esconder lo que somos, ¿para qué? ¿quién, aparte de nuestra pequeña mente, tiene la capacidad de juzgar lo que estamos percibiendo?.

Somos nosotros mismos los que estamos juzgando, negando y odiando partes necesarias para nosotros como humanos. Los demás son solamente un espejo, ellos no saben nada de lo que está pasando en ese momento en nuestro interior. Nadie te está juzgando. Es nuestra mente la que está catalogando, seleccionando, negando…

Aceptando esas partes es como dejaremos de juzgarlas en nosotros y en los demás.

La ausencia de juicios nos hace entrar en un nuevo paradigma, nuestra visión del mundo se amplía de forma inmediata. Puede ser un puente maravilloso hacia el crecimiento personal.

Si abrimos nuestro corazón a todo lo que somos, nuestra vida cobra un nuevo sentido de plenitud.

Renace la capacidad de amar incondicionalmente y empezamos a vivir sin miedo.

 

Mar Tárraga.

 

 

 

 

 

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Mar

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