El dolor es necesario en nuestra vida. Nos habla de cómo no queremos sentirnos. Sentir dolor nos hace ver dónde no queremos estar. El dolor es un estímulo alostático que nos induce al cambio, el más intenso de todos los estímulos. Está ahí para movernos de nuestra quietud e inducirnos a ser mejores.

La alostasis es desequilibrio que nos hace ir en busca del equilibrio de nuevo, la homeostasis. Nos hace buscar para volver a donde sí queremos, pero cuando volvemos ya no somos la misma persona, pues en ese proceso hemos crecido. Hemos aprendido a gestionarnos, a ver qué queremos y qué no queremos y a cómo salir de dónde no queremos estar. Somos mucho más sabios de lo que éramos antes del dolor.

El dolor es necesario para nuestro crecimiento.

Si tenemos interés en conocer cómo funciona nuestro cuerpo en profundidad, el dolor físico nos va a hacer indagar en nuestras costumbres y hábitos hasta que encontremos qué es lo que nos está haciendo enfermar y sentir dolor, qué es lo que no está funcionando en nuestro cuerpo. No se trata de tomar una pastilla que nos anestesie, sino de ir más allá para encontrar lo que nos está provocando el daño.

Y cuando lo encontramos y cambiamos lo que nos está perjudicando, haciendo desaparecer nuestro dolor, el crecimiento que se produce es realmente gratificante.

El dolor emocional funciona de la misma forma. Cuando sentimos dolor ante un conflicto, persona o situación, esta nos pone en el papel de tomar decisiones para dejar de sentir dolor.

Habrá factores ante los que no podamos actuar, pero también habrá otros en los que sí podamos influir.

La decisión que tomes marcará tu futuro, porque a partir de ella, o bien seguirás siendo un sufridor porque no te atreviste a cambiar nada, si tu decisión fue seguir como estabas; o bien superaste tu miedo y te atreviste a cambiar lo que necesitabas cambiar para ser feliz, construyendo tu realidad.

Todos tenemos la capacidad de tomar decisiones que nos alejen de donde no queremos estar. El miedo al cambio o a la equivocación es lo que nos paraliza, porque no confiamos en nosotros mismos o en la Vida.

No soportes situaciones que sabes que te hacen daño. Sólo necesitas empoderarte, coger las riendas y tomar la decisión que sientas más adecuada. Escucha a tu corazón, él nunca miente.

Tú vales mucho más de lo que crees que vales. No mereces vivir con sufrimiento.

No permitas que sea el dolor el que maneje tu vida, puedes pararle los pies si vences el miedo a equivocarte. Equivocarte también hará que aprendas cuál no es el camino. Muévete, haz lo que esté en tus manos para mejorar.

Y confía en la Vida. Siempre juega a tu favor.

 

Mar Tárraga

Mar
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