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¿ALOPECIA, ACNÉ, SOBREPESO, OVARIOS POLIQUÍSTICOS…? MISMO PROBLEMA, MISMA SOLUCIÓN

La resistencia a la insulina es un mal muy frecuente en nuestros días. La mayoría de las personas que hacen cinco comidas al día, no hacen ejercicio físico y comen con frecuencia alimentos con alta carga glucémica, probablemente tengan resistencia a la insulina, la mayoría de ellos sin saberlo. El estilo de vida que llevamos hoy en día la favorece enormemente.

La resistencia a la insulina es el paso previo a la diabetes tipo II, pero sobre todo y más importante es que es la base de la mayoría de las patologías crónicas.

La insulina es la hormona que le permite a una célula captar glucosa de la sangre (a una célula de un órgano insulino-dependiente, ya que hay órganos como el cerebro o el músculo ante un estrés físico, que pueden captar glucosa sin presencia de insulina).

Cuando aumenta la presencia de glucosa (y a su vez de insulina) en la sangre, se precisa menos cantidad de receptores de insulina para poder captar glucosa, por lo que la célula se hace resistente, es decir, “saca” menos receptores para la insulina y recibe menos energía.

El sistema inmune tiene la capacidad de hacer que cualquier órgano se vuelva resistente a la insulina. De esa manera, puede disponer de toda esa energía sobrante y utilizarla a su favor, lo que en situaciones de crisis vital es muy favorable para nuestra supervivencia. Pero cuando una situación patológica se vuelve crónica, el sistema inmune hace exactamente lo mismo, favoreciendo esa cronificación.

Además, cuando el sistema inmune hace a un órgano resistente a la insulina, ese órgano resistente no podrá captar glucosa de la sangre de manera adecuada, funcionará con menos energía y por lo tanto de manera menos eficiente, siendo más susceptible a patologías diversas.

Por lo tanto, ser resistente a la insulina tiene dos vertientes:

-Por un lado, se favorece la cronificación de una patología que no se ha podido resolver eficazmente.

-Por otro lado, el órgano que está siendo robado de su energía funciona peor.

También es importante saber que la insulina induce el crecimiento en los órganos que no dependen de ella para captar glucosa.

El síndrome prediabético, los ovarios poliquísticos, la endometriosis, la alopecia, la pérdida de sensación de saciedad y de sed, el acné, la miopía, los skin tags (pequeñitas verrugas en la piel), la acantosis nigricans (coloración más oscura de algunas zonas de piel como axilas, genitales…), etc., son enfermedades que están directamente relacionadas con la resistencia a la insulina.

Los síntomas más comunes de resistencia a la insulina son variados:

-Tener sobrepeso y que cueste mucho esfuerzo bajar de peso.

Tener hambre continuamente, incluso después de haber comido hace una hora.

-Falta de concentración y/o mareos.

-Tener hipertensión, glucosa alta en sangre y/o triglicéridos altos.

-Dormirse y sentirse muy cansado después de una comida alta en carbohidratos.

Una manera sencilla de saber si somos resistentes a la insulina es observar más de cuatro skin tags en el cuello.

Veamos cómo la resistencia a la insulina produce alopecia y acné por el mismo mecanismo de acción:

Los queratinocitos son un tipo de células de la piel que no dependen de la insulina para captar glucosa (son insulino-independientes) por lo que la insulina se convierte en un factor de crecimiento. Cuando hay resistencia a la insulina, se acumulan grandes cantidades de ella en esa zona, por lo que en zonas donde hay pelo, el queratinocito (que hace que el pelo se sujete al cuero cabelludo y esté fuerte) se hipertrofia y pierde su función, por lo que el pelo se cae, apareciendo alopecia donde hay un folículo piloso.

En cambio en zonas donde no hay un folículo piloso, los queratinocitos al hipertrofiarse hacen que se cierren los poros y aparece el odiado acné.

Este es un ejemplo de cómo la resistencia a la insulina puede producir unas de las patologías más odiadas hoy en día, como son la alopecia o el acné, pero podríamos describir los ovarios poliquísticos o los mareos de igual manera.

Seamos conscientes para poder ver donde no hay luz. Compartamos conocimiento, sepamos qué es lo que hay más allá de lo que vemos a simple vista. No todo es lo que parece.

La solución a la resistencia a la insulina pasa por el cambio de algunos hábitos tan extendidos como disminuir el número de ingestas al día (2-3 sería lo ideal), disminuir la cantidad de alimentos con alta carga calórica y/o glucémica y hacer ejercicio físico.

Es fácil pero requiere un esfuerzo por nuestra parte. No se trata de tomar ninguna píldora milagrosa. Se trata de coger al toro por los cuernos y empezar a hacernos cargo de nosotros mismos.

Tú eres el responsable de tu salud, nadie más.

 

Mar Tárraga

Mar
Mar

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