CÓMO SANAR REALMENTE. CUERPO-MENTE-ESPÍRITU

La visión fragmentada del ser humano que nos enseñan desde la universidad es lo que más errores provoca a la hora de llevar a la práctica el ejercicio de la Medicina o de cualquier Ciencia de la Salud. Y es que, una manera muy acertada de estudiar el cuerpo humano es dividirlo en partes y estudiarlas por separado para poder comprender su funcionamiento, tal y como se hace en las universidades. Pero el error sucede cuando aplicamos los conocimientos tal y como nos los enseñan, de forma fraccionada, aparato digestivo por un lado, aparato reproductor por otro, la parte psicológica por otro…, etc.

La especialización es necesaria para conocer profundamente algo en concreto, pero el ser humano es demasiado complejo para comprenderlo así. Cuando nos damos cuenta de nuestra complejidad es cuando empezamos a comprendernos, cuando percibimos la globalidad es cuando damos sentido a las pequeñas partes. Tratando el conjunto, además de las partes, es como conseguimos mejores resultados en muchos más pacientes.

Debemos buscar qué es lo que nos está diciendo el dolor o la inmovilidad y el profesional es el que debería tener y ofrecer esa información al paciente. Por supuesto que la medicina actual tiene una misión muy importante cuando logramos librar a un paciente de un dolor invalidante, que es lo que más le preocupa en ese momento, pero después de tratar lo más acuciante, sería deseable mirar más allá del síntoma y saber ver qué lo está provocando o si hay algo más allá de lo obvio.

Para eso hay que relacionar todas las partes del ser humano, a nivel fisiológico, anatómico, electro-bioquímico, y también emocional, mental y espiritualmente. Puede ser un trabajo difícil porque es muy amplio y requiere un enfoque global de la salud y del ser humano, pero es el único que nos conducirá a tener salud sin tener que depender de fármacos durante toda la vida.

También es muy necesaria una dosis de humildad, que sincera y desgraciadamente, no es demasiado abundante en el estamento médico. Cuando no somos capaces de solucionar un problema determinado a un paciente es posible que sea porque no somos nosotros la persona adecuada para hacerlo en ese momento, bien porque no tenemos la capacidad, o bien porque nos faltan los conocimientos necesarios. Derivar a otros profesionales que sean capaces de aportar otro punto de vista y a su vez, ampliar nuestra visión hacia otros horizontes que nos ofrezcan soluciones sería lo mejor, mucho más que administrar analgésicos cada vez más potentes a pacientes que no sabemos cómo ayudar.

El incremento de enfermedades crónicas que no conseguimos curar y el uso masivo de algunos medicamentos opiáceos están haciendo que algunos pacientes no salgan de un círculo vicioso de dolor/paliación/adicción, muy peligroso para ellos mismos.

También tenemos que tener en cuenta los filtros que están actuando sobre la información que recibimos. No hablo de teorías conspiracionistas, sino de ser conscientes de que si no estamos constantemente actualizándonos y pendientes de las últimas publicaciones, la información que nos llega, tanto a pacientes como a profesionales, es la que manejan las grandes corporaciones que se encargan de que sepamos que su medicamento es el antiinflamatorio que mejor funciona, o como paciente, que el yogur X es estupendo para bajar los niveles de colesterol, por ejemplo. Estas corporaciones no se interesan en buscar porqué tenemos el colesterol alto o qué está produciendo esa inflamación, porque si lo hicieran y todos supiéramos que no necesitamos tomar ese yogur ni ese medicamento, sino cuidar nuestros hábitos, ¿quién compraría sus productos?.

Desde que empecé a ejercer esta profesión me percaté de que uno de mis objetivos vitales es ayudar a las personas desde una perspectiva global: busco que esa persona que se sienta a mi lado sea la mejor versión de sí misma, versión que yo ya percibo, pero que ella todavía es incapaz de ver. Para intentar conseguirlo me inicié en el estudio de otros campos de tratamiento además del puramente físico, como la acupuntura, la kinesiología, la osteopatía, la psicología, la medicina integrativa, la psiconeuroinmunología clínica… y por el camino me fui descubriendo, personal y profesionalmente, y obteniendo resultados que me motivaron a seguir por este camino.

Lo indicado siempre será mirar más allá del síntoma. El dolor o la inmovilidad son sólo una alarma que nos lanza el cuerpo, si lo quitamos y no hacemos nada más, en el futuro el cuerpo nos hablará de otra manera y probablemente más intensa, el problema real que no estamos afrontando intentará hacerse más visible hasta que nos hagamos conscientes de él y lo solucionemos. Un enfoque integral como el que nos ofrece la psiconeuroinmunología clínica (PNIc) o la medicina integrativa nos puede ayudar a solucionar problemas que no solucionaríamos si los abordamos de forma fraccionada.

Cuerpo, emoción, mente y espíritu forman un todo indisoluble que debemos tener en cuenta a la hora de hacer un tratamiento más eficaz.

A veces será suficiente con cambiar hábitos nutricionales, otras veces habrá que mirar más profundamente si hay creencias limitantes o emociones atrapadas inconscientemente y otras veces será necesario hacer frente a un cambio de paradigma y preguntarnos quiénes somos y si nuestros objetivos vitales nos ofrecen respuestas.

El ser humano es mucho más que la suma de sus partes.

 

Mar Tárraga

Mar
Mar

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