¿ESTÁS EXPRESANDO QUIÉN ERES REALMENTE?

A lo largo de estos años como terapeuta mis pacientes me han enseñado mucho sobre las necesidades del ser humano, sobre sus penas y sus alegrías.

Es curioso observar como detrás de cada persona que expresa una patología hay muchas carencias, pero sobre todas ellas existe una carencia fundamental que habitualmente ha sido arrastrada por mucho tiempo, y es de amor: falta de amor hacia sí misma, o amor no recibido de las personas que tiene en su vida, pero sobre todo, hay una necesidad acuciante de expresar el amor fundamental que todos somos en esencia y llevamos dentro de nuestro ser.

No me refiero al amor visto como una cursilería o como algo intangible o de novela romántica, sino a lo que queda cuando nos quitamos las máscaras de lo que no somos.

Cuando una persona empieza a recibir el amor que no ha recibido hasta entonces y se siente comprendida y amada por lo que es y no por lo que esperan de ella, es capaz de manifestarse sin miedo a ser juzgada, apareciendo su verdadera esencia. Y cuando se siente libre para manifestar lo que necesita y sale a la luz lo que precisa ser expresado, después de eso, siempre sobreviene Amor que lucha por salir a la superficie.

Desde que hemos llegado a este mundo, los demás, la sociedad o las personas que desean nuestra estabilidad, han esperado diversas cosas de nosotros: que saquemos buenas notas, que nos portemos bien, que nos formemos en distintas disciplinas, que tengamos una familia, o que nos ganemos la vida aunque lo que hagamos para hacerlo no nos guste especialmente, porque “no siempre se puede hacer lo que se quiere”.

Lo hacen por nuestro bien, pero un bien con unos límites muy marcados por lo que a todos nos han hecho creer que es la vida, buscando perdidamente la estabilidad como si la muerte no estuviese a la vuelta de cualquier esquina, o como si todas estas cosas nos garantizaran seguridad, una seguridad que realmente no existe, ya que vivir supone aceptar el cambio constante y hacer lo mejor que podamos con lo que nos va viniendo sin preaviso.

La seguridad que creemos que obtenemos es irreal, nada nos asegura una vida larga y feliz, nos agarramos a humo. Para empezar a vivir con coherencia deberíamos preguntarnos qué queremos hacer realmente con el tiempo que vamos a disfrutar y compartir aquí, qué nos hace sentir que vivimos una vida plena.

No estoy diciendo que dejemos de ser responsables de nosotros mismos y no seamos capaces de resolver nuestros problemas económicos o de cualquier índole, sino todo lo contrario, que conociendo quiénes somos, empecemos a dirigir nuestra vida siguiendo nuestra intuición sobre lo que nos hace realmente felices y a la vez nos conviene, aunando razón y corazón, y sabiéndonos en el camino más adecuado.

Las expectativas de los demás puede que nos hayan hecho modificar de alguna manera lo que queremos en realidad para adaptarnos a los que se espera de nosotros, puede que hayamos ido limando algunas esquinas para entrar en el molde creado por las expectativas y esas limaduras han ido fabricando máscaras de miedo, frustración y resentimiento que necesita ser liberado.

Cuando nos preguntamos íntimamente qué es lo que queremos realmente, quiénes somos de verdad libres de cualquier expectativa, es cuando aparecen los conflictos y las dudas, pero también cuando nos descubrimos ante nosotros mismos y ante el mundo.

Si no somos capaces de hacernos estas preguntas adolecemos de falta de amor hacia nosotros mismos y hacia la Vida, y si nos hacemos estas preguntas, sabemos las respuestas pero no actuamos en consecuencia, además estamos faltándonos al respeto.

Por otra parte, cuando los demás esperan algo de nosotros que no se corresponde con quiénes somos realmente, o entra en conflicto con la expresión de nuestros anhelos más profundos, debemos considerar que esas personas no nos están amando ni respetando verdaderamente, aunque así lo consideren, y se están dejando llevar por sus propios miedos.

Si llegamos a conocer nuestros verdaderos anhelos y expresamos lo que verdaderamente queremos expresar, es cuando florece el Amor con mayúsculas y desparecen los conflictos. Nos movemos sin miedo, sabiendo que estamos haciendo lo mejor para nosotros y para el mundo, respetándonos y amando sin límites. Podemos decir que hemos encontrado el camino para vivir la vida de la mejor manera posible.

Como terapeuta, lo mejor que puedo hacer para ayudar verdaderamente a mis pacientes, además de aconsejarles sobre cómo cuidar su cuerpo, es hacer que se den cuenta de qué hay detrás de lo que está sucediendo en ese momento, porque el verdadero conflicto a resolver puede estar muy escondido detrás de lo que está expresando su enfermedad. Y la mejor forma de hacerlo es desde la comprensión, la libertad y el amor, que debería ser la base de cualquier tratamiento.

Responsabilidad, intuición, liberación y Amor conforman los más profundos pilares para tener una buena salud.

 

Mar Tárraga.

Mar
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